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Paternidad y convivencia

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En una tertulia con unos conocidos, donde cada uno éramos de nuestro padre y nuestra madre, había una pareja que pronto contraerá matrimonio. Y claro, ante este acontecimiento singular en su vida, fue el tema principal de conversación.

Después de un rato, preguntó el chico sobre la paternidad.

Se debe entender por paternidad en este contexto, como la tarea de ser padre o madre, el afán de educar a nuestros hijos tanto por uno, como por el otro. No de forma excluyente, a la relación del varón de la pareja con respecto a los hijos.

Perdón por esta matización, pero hoy en día parece que no hay espacios comunes entre hombres y mujeres que no deban ser definidos y acotados. Aparentemente estamos más cerca los unos de los otros, y a la vez estamos más lejos, ya que no logramos reconocer palabras que nos traten en común.

Recuperando el hilo, y en referencia a esta paternidad y formar una familia , mostró su incertidumbre cuando le tocase ser parte de ese acontecimiento: traer un hijo al mundo. Mostró su miedo ante este hecho, por su desconocimiento, y por la responsabilidad que veía en ello. Y preguntaba que cómo se sabe, si uno estará a la altura de dicho reto.

De forma automática, como un resorte, yo contesté que no se sabe.

Otro de los presentes, padre también, contestó que sí se sabe ser padre.

Evidentemente, son dos respuestas contradictorias desde una experiencia común de paternidad. Con ello, tuve que matizar.

A lo largo de la vida, y de nuestros estudios para el desarrollo académico y alcanzar una vida profesional, nunca se nos ha hablado ni preparado para la paternidad. Por lo tanto, desde esa perspectiva uno no sabe como enfrentarse a la paternidad, y nos tocará asistir a cursos, leer libros, y recibir consejos de asesores, especialistas, o amigos experimentados.

Por el otro, en la paternidad hay un factor de vital importancia, que a veces pasa desapercibido, y es al que se refería la otra persona: la “entrega amorosa” al ser querido. Porque al hijo se le quiere sin más, aunque no tengamos ninguna formación. Y es esta, la que nos lleva a utilizar el sentido común, y la búsqueda de lo mejor para él. Es algo que no hay que proponérselo, surge sin querer.

Pero en ambos casos no basta con eso. El compromiso de “ paternidad” es un paso sin retorno, es para toda la vida. Con el tiempo, habrá momentos en los que nos sentiremos cansados, que nuestros hijos irán creciendo, y posiblemente, en más de una ocasión, nos jugarán pasadas que nos desagradarán profundamente. Pero eso no implica que tengamos derecho a renunciar a esa “ paternidad”. No podremos decir: “Pues ya no soy padre”.

En la paternidad desarrollamos una relación que lleva consigo la convivencia. Y se verá afectada de muy diversos modos. Pero como adultos, los padres hemos decidido hacer una apuesta para siempre, donde ponemos “amorosa entrega”, que tiene que ir cambiado y adaptándose, igual que van cambiando las circunstancias vitales.

De igual modo ocurre en la relación matrimonial. El que una pareja conviva más o menos felizmente, no implica que esto con el tiempo pueda cambiar, porque todos cambiamos. Y en muchas ocasiones, algo que no nos molestaba el primer año de relación, al pasar el tiempo puede llegar a resultar muy molesto. Y por eso hay que ir adaptándonos para que esos momentos de roce, sean parte de nuestro enriquecimiento mutuo.

La entrega amorosa, para siempre, y de forma pública, es una firma de intenciones que va más allá de las dificultades de la convivencia. De esta forma se entiende la paternidad con respecto a los hijos, y el matrimonio en relación a la pareja.

Es decir en algo que vamos a por todas, y con ello desaparece la desconfianza ante el futuro. Algunos, además, lo engrandecen poniendo valores transcendentes en su vida.

Pero sea como sea, entendemos, que es un bien para la sociedad, apoyar esa convivencia de “amorosa entrega”, estable en el tiempo, tanto en la paternidad, como en el matrimonio. Y es lo que deseamos a esta pareja que pronto hará realidad su sueño. No se les ahorrará ningún el esfuerzo. Y esforzarse es algo que no está de moda. Pero seguro que si lo hacen alcanzarán una felicidad que muchos hoy en día no pueden ni entender, ni imaginar.

 
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