Jornada de la Vida, jornada de la familia
Celebrar una jornada de la vida, nos da motivo para poder hablar también de la familia. Porque el mejor sitio donde se recibe una vida es dentro de una familia estructurada.
Siempre teniendo presente los distintos caminos que han llevado a una nueva vida, gratos o ingratos, hay varias formas de mirar a un recién nacido.
En este caso sólo nos vamos a fijar en un par de ellas.
La primera manifiesta el amor mutuo entre los padres, y como consecuencia la ternura que refleja el nuevo nacimiento. Esto lo experimentamos en el entorno familiar y de nuestros amigos, a los que queremos y apreciamos.
Este gozoso acontecimiento visto de esta manera, lo entendemos como un plus de felicidad a nuestros seres queridos, algo que les transciende, haciéndoles mejores y más humanos.
La otra forma de mirar a un recién nacido, es hacerlo de una forma distante y lejana, condicionados por la mentalidad imperante del “buenísmo”. Esa especie de benevolencia que es incompatible con el amor familiar. Que considera, que sí, debería tener un entorno amoroso el futuro bebé, pero que si se prevé que no será de esa forma, pues por qué complicarse la vida con un nuevo nacimiento.
Esta manera de mirar un nuevo nacimiento no la queremos para nuestros seres queridos. Es la que usamos para personas lejanas, que nos dan igual, es superficial, e irreal.
Irreal, porque no existe un entorno familiar amoroso, etéreo e inconcreto como una nube, y permanente durante la vida de una persona. Pero también, porque nos sobreestimamos dando por sentado como será el futuro de una persona, y que nuestro juicio es infalible.
La vida familiar, es un camino continuo de dificultades aceptaras y compartidas, por un fin mejor y mayor, la felicidad de sus miembros y su desarrollo como personas. Ambas tareas, sin ningún final, y en continuo desarrollo. Pero camino gratificante, tremendamente gratificante, semilla de la felicidad real, a pesar de los sinsabores.
En ese esquema de “buenismo”, frecuentemente se añaden los casos de violación. Casos minoritarios, entre el conjunto de abortos y nacimientos, pero no de menor importancia. Pero al hacer esto no se tiene presente, que a la tragedia de violencia que recibe la mujer, se le añade la tragedia que provoca ella sobre el inocente no nacido. Muchas veces presionada por la familia, o por la propia sociedad. Pero que si mira de forma individual ese bebé, a pesar de los pesares, probablemente cada madre le ame, pasando a un segundo plano el cómo fue concebido.
Celebramos una jornada de la vida. La celebramos en la familia.
Pero sobre todo celebramos desterrar el “buenismo”, porque queremos querer a cada vida, a cada persona, como queremos a nuestros seres queridos.



