Decadencia de la Sociedad
Martes 09 de Marzo de 2010 16:46
Es un hecho que nuestra sociedad está decadente. Y queda plenamente demostrado cuando sus públicos responsables, dígase políticos, evitan pronunciarse en temas de fondo.
Ante la opinión pública se retuercen los argumentos para llegar a presentar como válido unos valores, y como no válidos otros, que son de igual o superior entidad.
La forma más patente de ver esta situación podría simplificarse en que la sociedad cada día se parece menos a una familia.
¡Y esto es lo preocupante!
Porque en el seno familiar, los más débiles son acogidos de una forma más cariñosa. Cosa que tendría que verse reflejado de múltiples maneras en la vida de la sociedad.
No se entendería, que los hijos “teóricamente” más capaces e independientes; que “aportan más desde el punto de vista material” a la familia, hicieran desaparecer a los que son más débiles. Y esto bajo la aprobación, o el silente consentimiento de los cabezas de familia, padre y madre.
Lo mismo ocurre en el entorno social. No se entiende que aquellos que son más débiles se les haga desaparecer, por ejemplo los no nacidos con el aborto, y dentro de poco los más mayores con la eutanasia, con la indiferencia de los políticos y gobernantes.
Es indudable que madre y padre dentro de la familia, como personas humanas que son, comparten la misma dignidad. Pero no es lógico que se use el argumento de la dignidad de la mujer, enmascarando con cualquier excusa, y acometer contra los seres queridos más débiles, los que viven dentro de su vientre, y los dependientes ya sean ancianos o no.
Solo cabe pensar, en un derroche de generosidad e ingenuidad, que se usa esa dignidad femenina de forma teórica sobre una mujer, completamente aislada de cualquier consideración que pueda tener en su relación con los demás. Como si no existiera, ni siquiera pudiese existir, otro ser humano más que ella.
Y eso es imposible desde cualquier punto de vista. De una manera u otra, hay que considerar a la mujer en interacción con otras personas. Y pronto o tarde, incardinada en un ámbito familiar. Y por lo tanto, deben estar presentes también los más débiles, sus inmediatos más cercanos, cuando se habla de defender la dignidad humana, la dignidad de la mujer.
Cuando se argumenta de esta forma retorcida, diciendo que es una mejora de la mujer y su dignidad, se olvida que el ser humano, la mujer también, es social por naturaleza.
Cuando se hace esto de forma permanente, hay que decir que nos hemos convertido en una sociedad decadente, porque se olvida a la familia, primera escuela de vida social.
Cuando se permite esto se engaña a los ciudadanos, porque es imposible substraerse a que hay otros, que necesitan del mismo respeto y cariño que uno mismo.



