Declaración de Córdoba y otras declaraciones
Cuando sale a la palestra los radicales ataques a cualquier cosa que contradiga la ideología de moda, lo primero que me sorprende es que acusan de discriminación, y como consecuencia discriminan sin derecho a escuchar al que es diferente a ellos.
Entonces, solo puedo pensar que realmente no hay defensa de ningún derecho, hay odio al contrario, y uso de falacias, mascaradas, o cualquier recurso, para llevar a término su plan.
Dicho esto, normalmente las mujeres y hombre que comparten su vida formando una familia, donde el respeto, cooperación y amor es la nota imperante, son despreciados por los representantes de estos ataques, sin el más mínimo derecho a ser escuchados.
Hay que señalar que estos, llevan su vida familiar, no sin dificultades y problemas de todo tipo. No somos ni ingenuos, ni plantas de invernadero.
Pero en ese vivir, al poder compartir con la persona del otro sexo todos los acontecimientos, nos proporciona la oportunidad de escucharnos mutuamente.
Es posible que esto sea difícil de comprende para aquellos que les falta practica por el motivo que sea, pero todo se puede conseguir con un poco de esfuerzo.
De hecho, todos los expertos en relaciones matrimoniales aconsejan una buena comunicación en la pareja para el éxito del matrimonio.
Reclamar ser escuchadas, y negar el derecho a opinar al otro por parte de la feministas, es similar a decir que en el matrimonio no hay que respetar la opinión del otro, independientemente si eres la mujer o el hombre. Y esto llevaría a que uno de los dos, presentaría al otro como una mala persona, para llevarse el gato al agua de cara a la opinión exterior.
Sin obviar que la mujer en muchos países necesita una defensa decidida, defensa que en parte abandera las organizaciones feministas, sobre todo de cara a los medios de comunicación. También debemos señalar que no son solo ellas la que defiende a las mujeres, ni en todas sus facetas. Sin ir más lejos, muchas organizaciones familiares defienden a la mujer además, en su faceta maternal y familiar.
Tampoco podemos olvidar que el papel de la Santa Sede es de defensa de la persona, hombre y mujer, en su integridad humana y espiritual.
Por todo esto, se hace poco lógico para la mayoría de las personas que vivimos en familia, que las relaciones se basen en la “pata en el culo” porque no se ajustas a los postulados propios.
Si dejamos de dar puntapiés a todo lo que se mueve, y defendemos más a la familia y su estabilidad, ganaríamos todos.



