Legalización de las drogas
Recientemente Felipe González, expresidente del gobierno español, defendió la legalización del tráfico de drogas.
Suponemos que es una idea más, para buscar una solución a la terrible racha de asesinatos que están ocurriendo en Méjico.
A este respecto, desde diversos medios han surgido varios argumentos que defienden su postura.
Uno de ellos es la constatación de que independientemente de su legalidad o ilegalidad, habrá siempre compradores dispuestos a su comercio y uso. Y añaden que la ilegalidad hace que el producto sea más caro, y por lo tanto tenga una mayor rentabilidad para los traficantes.
Similar a esto parece que ocurre con la comercialización de marfil, o animales en peligro de extinción. Siempre van a existir compradores, y un mercado. Y la propia actividad ilegal encarecerá el producto. Pero que esto ocurra, no implica que se tenga que permitir. Al final el perjudicado es el animal que ha sido matado.
También defienden que no hay criterio científico para delimitar si es estupefaciente o no. A nuestro entender, delimitar consiste en poner una frontera. Toda frontera tiene dos lados claramente definidos. Pero también existen casos que pisan el límite, siendo las circunstancias las que hacen que estén más en un lado que otro. Para solucionar estos casos se precisa de un juez que analice las circunstancias, y determine su posición. Pero que existan estos casos especiales no quiere decir que se elimine las fronteras.
Es algo parecido a los límites de velocidad. Hay quien plantea que 120 km/h en las nuevas autopistas para los turismos modernos es restringir mucho. Y puede que tengan razón. Pero hay turismos no tan nuevos, o transportes de pasajeros, que necesitan este límite por la seguridad de todos. Y al final la frontera de los 120 km/h, deben respetarla tanto unos como otros.
También se dice que se convierte en una actividad delictiva como respuesta al acoso del Estado que persigue este comportamiento ilegal. Y esto lleva a nuevos crímenes, porque ya cometido el primero, da igual cometer nuevos actos delictivos. O bien, permite financiar otro tipo de delincuencia.
Esta justificación abriría la puerta a que multitud de actos delictivos fuesen permitidos para evitar otros posteriores. Un ejemplo a este respecto sería que se quitase la restricción a los políticos para adjudicar directamente unas obras públicas a sus amigos. Así se evitaría el soborno y el cohecho. Y el Estado no tendría que gastar recursos para investigar estos delitos y dedicarse a resolver otros crímenes, “más crímenes”.
Tras estos argumentos, lo más grave a nuestro entender, es que en quien menos se piensa es la victima final. Normalmente jóvenes, que por diversas circunstancias pueden llegar a convertirse en drogodependientes.
Consumidores compulsivos de sustancias que les llevan a la degradación personal, con consecuencias para toda su vida, o que desencadenan en la propia muerte.
En muchas ocasiones entraron en esta dependencia, por moda o ignorancia. Engañados por un estilo de vida irreal.
El nivel adictivo de los estupefacientes marca una diferencia de grado importante, incluso en comparación con el alcohol y el tabaco. Los efectos “liberadores” de las drogas se consiguen con unas cantidades ínfimas de sustancia, a una velocidad vertiginosa. A la vez que no tienen en cuenta los efectos físicos y psicológicos que su consumo les va a provocar.
Muchos de nosotros conocemos casos de jóvenes que han ingerido más alcohol del recomendable, pero pocos son los casos que acaban en un desenlace fatal.
Sin embargo entre los drogodependientes, si conocemos muchos casos con consecuencias para toda su vida, y también aquellos que sucumbieron a la muerte.
Si se legalizan este tipo de sustancias, estaremos poniendo más fácil que nuestros hijos, por moda o ignorancia, caigan en las redes de la drogodependencia. Sea legal o ilegal. Las compren en un establecimiento regulado, o en el mercado negro, que seguro también existirá.
Solo les hará falta ahorrar un poco para las primeras veces. Luego, luego quien sabe las consecuencias que tendrá…



