Solidaridad, cooperantes, liberación
Roque Pascual y Albert Vilalta ya están libres. Y por este motivo los felicitamos. A ellos, y a sus familias. Bueno, también a todos, porque cualquier agresión a la libertad nos afecta aunque sea indirectamente.
No hemos seguido en profundidad la noticia, aunque sí vemos el revuelo con diversas matizaciones políticas que ha suscitado esta liberación.
Llama la atención desde nuestra perspectiva, como dos personas de 50 y 45 años, respectivamente, a su llegada a España, hayan sido recibidas por sus familias, en las que no hemos apreciado, una esposa o unos hijos.
Insisto que puede ser nuestra falta de profundidad en la noticia. También puede ser una loable discreción familiar.
Se discute ahora sobre la eficacia de este llamado turismo solidario, balanceando la pregunta, de si hay más solidaridad, o más turismo. Pero vamos a optar por la solidaridad como el principal valor que ha impulsado a estos cooperantes.
Seguramente este no sea el caso en concreto, pero refleja, a nuestro juicio, una tendencia en nuestra sociedad.
Hay mucha gente, que tras años de vida más o menos desahogada, sin el compromiso directo de tener que sacar una familia a delante, afrontando los problemas de todo tipo que esto conlleva, descubren la necesidad de darse a los demás de alguna forma. Y de esta manera, sentir que su vida tiene algo de sentido de entrega a los demás. Y este es un magnifico camino más.
Evidentemente, la cooperación de ida y vuelta está bien, pero mejor está de ida y no vuelta mientras se tengan fuerzas, cosa que muy pocos pueden hacer, o están dispuestos a realizar. Y que hasta no hace mucho solo realizaban religiosos con un sentido trascendente, y de entrega a los demás.
Lejos de ser una crítica velada a Roque y Albert, todo lo contrario, es una llamada de atención a una sociedad que ha olvidado la solidaridad con los demás.
Y también ha olvidado que la familia, la pareja que elegimos y con la que nos comprometimos a pesar de las dificultades, y a los hijos. Y todos ellos son un bien, para nosotros y para nuestra sociedad.
La felicidad se encuentra en la entrega a los demás, en primer lugar nuestra familia, para que eso lo transmitamos a los demás, como una cadena, a nuestros vecinos, amigos, y por extensión al resto de personas más o menos lejanas.
Ojala, que alguno de esos hijos, sea un solidario de ida y no vuelta mientras tenga fuerzas, en las diversas organizaciones solidarias del origen, o confesión religiosa que sea. Que las hay, y hacen mucho bien. Mucho más allá de los medios de comunicación, y los destellos de la actualidad.
Al decir esto último, como padres, se nos revuelve un poco el corazón, porque significaría incertidumbre y lejanía de un ser querido. Pero asumirla es parte de la solidaridad con la que debemos contribuir a nuestra sociedad.
Que bueno sería que formásemos a nuestros hijos, para que sean solidarios en la juventud. Y sin juzgar a Roque y Albert, mucho antes de los 45 y 50 años.



