El vaso de Leche
Viernes 22 de Mayo de 2009 15:05
A uno de mis hijos hoy no le apetecía hacer la cama. Tampoco tomarse la leche por la mañana. Pero es algo que ocurre con relativa frecuencia.
La cama no es vital, total es una "obligación tonta" porque por la noche la va a volver a deshacer. Pero no tomarse la leche si es grave en el “santa satorum” de la salud infantil, donde no hay más remedio que tomar dos vasos diarios como mínimo. Y si usted no lograr este objetivo, hay que cuestionar su capacidad como padre o madre.
Tengo que señalar, que con cariño y firmeza, antes de cenar dejó la cama lista, y el vaso de la leche cayó antes de comenzar con el primer plato. Al día siguiente no hubo tanto problema, se adelanto a decir que él sin ayuda había hecho la cama, y que la leche ya estaba dentro de su tripa.
Con esto quiero decir, que es curioso que lo que nos parece bien en niños de corta edad, con los adolescentes sea de una forma muy distinta. Y no por ellos, más bien viene de adultos que no se han molestado en pensar seriamente las cosas.
Ruego a Dios que dé a mis hijos una buena adolescencia, y a mí luces para saber llevarla.
Todo esto viene al hilo de la nueva ley del aborto, y como los padres, dejamos de tener cualquier competencia educativa en nuestros hijos, por decreto ley del gobierno de turno, que piensa que tiene más condiciones para decidir cómo y de qué forma queremos o podemos ayudar a nuestros hijos.
Al niño o a la niña le apetece llegar a las tantas, y tiene todo el derecho. Le apetece acostarse con un colega, también lo tiene, y por encima de cualquiera, incluido sus padres, se les da los preservativos. Se quedan embarazadas, y por encima de cualquiera, incluido sus padres, puede matar el nuevo ser humano, y se le dice que tiene todo el derecho.
Matizo que aunque parece que este argumento sólo va con “nuestras hijas”, no es así. Tanto toca a las chicas, como a los chicos. Que no hay que ser machista en cuestión de educación y responsabilidad. Cosa que parece olvidar gran parte de nuestra sociedad.
Pueden hacer lo que les apetezca: se les da un preservativo, se les da la posibilidad abortar; pero nada de decirles: “Oye, ya sé que te apetece, ¿pero realmente le/a quieres? ¿Estás dispuesto/a a afrontar una vida de futuro en común, ya que tanto le/a quieres?
De me “apetece”, a esto último hay un camino muy largo, que hay que recorrer con responsabilidad.
Que se nos retire a los padres de la vida de nuestros hijos, es desautorizarnos para transmitirles nuestras experiencias, nuestro amor, nuestro cariño. Y a la vez, esos mismos se quejan de que los padres no tenemos autoridad, que los maestros tampoco la tengan, y que cómo está la juventud.
Dejarse llevar por el me “apetece” para hacer una determinada ley, en lugar de pensar en el bien de los jóvenes y de las familias, para poder presumir de ser los más modernos del mundo mundial, es esa misma irresponsabilidad del “adolescente-no-me-apetece”.
Espero que no llegue el día que promulguen una ley, en la que no podamos dejar una mañana sin dar un vaso de leche a nuestro hijo, por su salud infantil inaplazable. O que me digan después cómo tengo que obligarles a tomársela sin “pecar” socialmente, por usar métodos impositivos.
Para terminar, es curioso como para justificarse vale cualquier cosa, aunque no sea original. En la Segunda Guerra Mundial un bando opinaba que los judíos eran seres vivos, pero no humanos. Y lo mismo le ocurrió antes con la esclavitud y las personas de raza negra en los Estados Unidos. Cuando esto parecía superado, nuevamente lo mismo.
Consentir estos argumentos y situaciones, puede parecer que no va con nosotros. Pero pronto o tarde irá con todos, incluso para ellos mismos, y serán considerados seres vivos, pero no humanos, igual que un molusco.
Es algo que pagaremos tanto los que piensan así, como los que no.
No me “apetece” estar en manos de las “apetencia” de personas que me pueden considerar un vegetal, o una ameba.



