Ropa de los Domingos.

Sorolla: Paseo a Orillas del Mar
Recuerdo que cuando éramos niños, los domingos nos vestíamos más elegantes que los sábados. Incluso lo hacíamos con diferencia al resto de la semana.
Era un día especial, en parte por el descanso casi generalizado, y porque era el día de ir a la Iglesia a la celebración de la Misa semanal; asistentes y celebrantes se vestían de forma especial.
Lejos del sentido de la práctica religiosa, ahora no parece tan frecuente que la gente se arregle los domingos.
Muchos aprovechan ese día para hacer su deporte favorito. Otros, no se molestan ni siquiera en afeitarse. Otros van a la sierra, al hipermercado para su aprovisionamiento, o a lavar el coche,…
Y con ello, el resto del día permanecen con la misma ropa con la que han hecho esas actividades. E incluso hacen visitas con comida incluida, a los padres y madres, suegros y suegras, o a otros familiares y amigos cercanos. Presumen de ser espontáneos.
Por su puesto que hay que buscar el confort en el vestir. Pero a la vez, en algunos casos, se ha dejado paso a la pereza y la desidia.
Es una buena política arreglarse un poco cuando se va a comer a casa de la suegra. Así, la suegra, podrá presumir del partidazo, dentro de las limitaciones naturales de cada uno, que hizo su hija o hijo, al emparejarse.
También agradecen las abuelas que los niños vayan guapos y elegantes, incluso que huelan bien. Que no quiere decir que se renuncie a ir modernos y actuales.
Pero no solo a las madres les gusta presumir de sus hijos y nietos. A nosotros también nos gustará lucir un buen aspecto, y que nuestra pareja haga lo mismo.
Algunos dirán que es un signo de falta de autenticidad. Pero creo que es una señal de cariño con los que más nos importan, darles la importancia también con el propio aspecto. La generosidad y el amor están en esas pequeñas cosas. ¡Y que menos que cuidarlas!


