Días de CRISIS

En estos días todo gira entorno a la crisis. Y no es para menos, en el borde del abismo se encuentran millares de familias, que ven como su sueño dorado de bienestar y comodidad se ve gravemente comprometido.
Al hilo de estos acontecimientos, van surgiendo multitud de colectivos afectados, normalmente no publicitados por los medios de comunicación, que están a su bola.
También aparece la perplejidad y la desconfianza, porque no se ven soluciones posibles. ¿Quién será el sabio que encuentre la receta mágica?
Podemos ver un ejemplo de esto en las criticas a los políticos, porque dicen que en su mayor parte, son funcionarios que no se han fajado en el mundo laboral real; y pretenden solucionar una crisis que se ceba en dicho mercado.
Otros, los trabajadores autónomos y por cercanía sus familias, se indignan, porque pretenden decir como tienen que reglamentar su situación, el gobierno y todos los “agentes sociales” (patronal y sindicatos), pero sin la participación de los propios autónomos.
Y lo mismo ocurre con las familias, pretenden decidir sobre todos nuestros aspectos: qué, cuando, y cómo. Y una gran mayoría de estos políticos que imponen sus criterios, han renunciado a su vida familiar por su carrera política, donde el poder es el estandarte.
Con respecto a la familia, encontramos un reciente ejemplo en la batalla que plantan, sobre cómo tenemos que educar a nuestros hijos. Asegurar la educación de todos los cuidanos, no implica meterse en cómo y qué deben pensar las personas dentro de una familia. Máxime cuando es evidente, que el fracaso escolar ha crecido enormemente. Y si bien es cierto que es responsabilidad de los padres, también es de estos legisladores, que se están dedicando a intentar suplantar los valores que de forma natural se adquieren en la familia, desatendiendo sus obligaciones en la mejora de la calidad de contenidos y medios en las materias que le son propias.
Tampoco buscan la reciprocidad. Las familias debemos aceptar “mansamente” lo que nos dicen los poderes públicos. Sin embargo, no podemos manifestar lo que es bueno para nuestras familias, porque para legislar están ellos. Y argumentan que el modo de pensar de las familias, pertenece a su ámbito privado, y ahí se tiene que quedar. Es gracioso, solo hay una parte que decide en qué momento y qué cosas, son del ámbito privado o público.
Y en vez de de buscar soluciones conjuntas, consensuadas; se imponen soluciones, usando toda la demagogia posible para llevar la razón.
Esta crisis, entre otra cosas es una crisis de la familia. Y gran parte de la solución, está en atenderla, y hacerla participe de su futuro, y el de nuestra sociedad.
No en postergar a la familia, con la intención de que sea siempre la solución final porque lo soporta todo. Lo soporta todo, porque se basa en el amor entre sus miembros, cosa muy difícil de entender, si todo es dirigido al individuo. Y este, el individuo, parece que rebaja de categoría y sus derechos, según esta visión generalizada, en cuanto decide ser familia.
Un último ejemplo a nuestros juicio, consiste en que no parece descabellado pensar, que si las cosas no cambian, nos encontraremos con la inminente quiebra de sistema público de atención sanitaria y social. Y al final acabaremos las familias asumiendo totalmente el cuidado de los más necesitados. Cosa que haremos con mucho gusto. Porque seguro que algunos, tendrán la tentación de solucionar el problema eliminándolos, so capa del cualquier derecho que les venga al pelo.
¿Como ponerle patas a estos problemas? Ese es el gran reto, y lo que se espera de los servidores públicos. Nosotros tenemos nuestra propia opinión, quizá no la más acertada, pero creo que a día de hoy más ajustada a la realidad.
Básicamente consiste en que los núcleos familiares, deberían estar más presentes y ser más tenidos en cuenta en la vida social, para que transmitan sus valores. Pero de forma efectiva, no con demagogia, como unos y otros hacen hasta el momento.
En educación, dejar que la administración asegure los mínimos que deben tener los ciudadanos, pero permitir a las familias elegir la educación más adecuada para sus hijos. Todo padre o madre, quiere lo mejor para sus hijos. Y esos somos la mayoría.
Los que se conforma con los mínimos, o no es su prioridad, ya los tendrá cubiertos. Y para los casos especiales, ahí si está la administración en su papel.
No como hasta ahora, que nos sentimos encorsetados hasta la asfixia, y todo nuevo paso de la administración, es apretar más ese corsé.
En lo económico, “despedir” a los “agentes sociales” que no cumplan su función. Que en muchos casos son herencias del pasado, y que si no son útiles hoy en día, no tienen sentido, o hay que cambiarlos para adaptarlos a la actualidad.
Ajustarse a la realidad como estamos haciendo las familias, reduciendo todo tipo de gasto superfluo, en lugar de decirnos: a gastar, a gastar; que suponnemos, será porque si no gastamos no recaudarán IVA.
Y en el caso de las economías domesticas, no recaudar por anticipado impuestos sobre los que aun no se han recibido ingresos. Este es el caso del IVA de los autónomos y pequeñas empresas, o el IRPF de los asalariados. Que tal y como van las cosas, en muchos casos ni unos ni otros, recibirán esos ingresos. Y tampoco es seguro que la administración sea capaz de devolverlos, aunque los haya recaudado por anticipado.
No somos grandes expertos en grandes cuestiones, somos familias que vivimos, y así vemos las cosas. Otras familias las ven de otra forma. Esto es lo que nos puede enriquecer.
Un saludo y que pasen pronto estos días de crisis.


